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Archivo de la categoría: Prozac

Subidón

La pequeña cerillera

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No puedo evitarlo, va más allá de mí misma. La felicidad última que para Holly Golightly se resumía en un escaparate de Tiffany´s, a mí se me representa en una casa trufada de adornos de Navidad. Cada uno tiene sus placeres culpables y el mío, qué le vamos a hacer, es ese. En cuanto el comercio abre la veda, me quedo contemplando los escaparates llenos de lucecitas y moñadas no tanto como la tierna criatura de Capote, sino como la pequeña cerillera, la pobre criatura a la que Andersen (ese hombre cruel) decidió matar de frío mientras espiaba por las ventanas la felicidad navideña de los demás (Hazte a un lado Ken Loach. Perdona).

En fin. Que esta vez estoy de buen humor y he decidido contemplar mis hallazgos con quien se acerque. Perdonen ustedes la moñez: a mí me hace feliz esta recopilación de lazos y campanitas. Lo mismo alguien se siente inspirado.

La tarta es de manzana y mora y las bebidas, un Jingle Juice Holiday Punch  y el otro, más fácil, una mezcla de cava, zumo de arándanos y frambuesas. La mayor parte de las ideas, de brostecopenhagen.com. Casitas similares en Zara Home.

 

Las bolas de Navidad, parecidas en Zara Home; haz de luces, en Casa; guirnalda dorada en Rockett & St. George. El pastel es panettone relleno de mermelada de naranja y la bebida es un Ginger & Prosseco Cocktail, que hacen mezclando ginger ale (1) y proseco (2) muy fríos. En la foto, han mojado y pasado el borde de la copa por una de azúcar granulado y jengibre en polvo y la han adornado con algodón de azúcar.

 

 

La mayor parte de las ideas, choriceadas de redonline.co.uk y housetohome.co.uk.

La felicidad

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Una de las primeras cosas que se aprenden con una depresión es que la posibilidad de que se repita el episodio es bastante probable. No recuerdo con exactitud el porcentaje, aunque creo que rondaba el cincuenta por ciento: una moneda al aire. Así que te dicen que tienes que estar alerta, con las pocas armas que has conseguido arramblar a punto -pues tampoco es que sean tantas, ni tan letales-. La eventualidad de toparte de nuevo con lo oscuro que te absorbe es tan horrible que uno se promete a sí mismo que nunca más sucederá, ya tenga que mentir, robar, mendigar o matar. El perro negro no conseguirá arrastrarme. El demogorgon no conseguirá arrastrarme

Es muy difícil describir la depresión a alguien que no la haya pasado. Para Churchill era la bestia negra, y sus razones tenía: no me pregunten por qué pero la depresión es lo oscuro. Y una vez te agarra, es cierto, te arrastra a degüello hasta su guarida. La otra gran cualidad de la depresión es que te hunde: es muchísimo más glotona que la gravedad. Quien quiera que ideara aquel atroz castigo de la rueda de molino y las aguas oscuras no debería ser ajeno al mal que hasta hace poco se definía como “melancolía”.

demogorgonSiempre he odiado los libros de autoayuda. Durante la depresión, aprendí a que me inspiraran furia asesina. Es una reacción semejante, ahora que pienso, a la que he mantenido a lo largo de mi vida con las comedias románticas y los descalabros amorosos: si en la vida normal muy pocas veces las películas del género me apartaban de la náusea (aunque tengo hasta mis favoritas: soy humana) (y mis favoritas las habré podido ver como veinte veces cada una), tras una ruptura me producían un sarpullido intenso -lo único que me apetecía ver, de hecho, eran pelis de acción con explosiones, venganzas y una suculenta ristra de muertos-. Imaginen el rollo autoayuda tras haber paseado por los reinos del demogorgon, pues esa es otra gran característica de la depresión: todo tu universo se transmuta, de repente, en pesadilla. Tus gustos hieren, hieden, se hacen insultantes. Tu mundo resulta aterrador, lleno de trampas.

Lo he dicho alguna otra vez pero lo vuelvo a repetir aquí por si a alguien le ayuda: la persona que mejor ha reflejado -de manera no insultante- lo que es la depresión es Allie Brosh (Bill Gates también lo cree).

hyper

Como la vida es cíclica, digamos que actualmente tengo encima otro periodo de incertidumbre. Y aunque las circunstancias son bien distintas a las de la depresión, ya digo que te hacen estar alerta, con los infrarojos listos por si se cuela la bestia oscura. Y el otro día, iba de vuelta a casa por el paseo marítimo cuando concluí que estaba viendo un despliegue de auténtica felicidad. Fue algo sorprendente y fruto de la educación. Vivo en una ciudad de vacaciones con un alto concepto de Marina D´Ors en sí misma. No es un sitio de veraneo hipster (el rincón hipster está un poco más allá), ni es el penúltimo rincón a descubrir (ese no sé dónde está), ni la cala dorada de los realmente ricos (eso, también un poco más allá) . Es un sitio en el que, sobre todo, veranean familias en todo su amplio concepto. Y la selecta clientela de los chiringos baja con sus pincitas en el pelo creyendo que es fetén y `puede pedirse un bitter kas no porque sea una modernez, sino porque son así de antiguos, o una piña colada porque fue lo que pidieron hace veinte años y mantienen la superstición caribe de que sigue siendo algo super exótico. Y los paseantes del paseo no tienen problema en salir a dar una vuelta en pantalones cortos con cordones en las gafas o con un top de lentejuelas verdes sobre michelines, haciendo uso de un arriesgado estilismo que haría palidecer a un duende gordo -porque es fiesta, cuerno, y es por la Noche en Embriagador Lugar, a la Orilla del Mar Océano, Donde Todo Es Posible-.  Cerca flotaban las bombillas de verbena -esas de antes que ya me gustaban antes, igual que el bitter kas- de un chiringo estiloso.

Y me sorprendi a mí misma pensando que todo era estupendo.

Nada raro en la resonancia,  ¿verdad, doctor?

bombillas

Naugthy and nice

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No hay manera de describir la pasión que los  británicos sienten por los pasteles. Bueno, sí: es la misma que siento yo. Desde su generalización en los 70, se calcula que la pastelería industrial mueve millones de libras en Reino Unido. Sólo en 2012, por ejemplo, se despacharon en el país 110 millones de cupcakes, mientras que la repostería casera supone una inversión de medio millón de libras por parte de los habitantes de las islas.

(Si alguien siente la necesidad morbosa de saber más acerca de esta pasión for anything naughty and nice, les recomiendo este documental: The Icing of the Cake)

Tal vez semejante fiebre pueda explicar el éxito que ha terminado teniendo el que es mi concurso favorito en la televisión británica: The Great British Bake Off. Algo así como “la gran hornada” -aquí hicimos algo semejante en Deja sitio para el postre-. Básicamente, unos cuantos reposteros aficionados se someten al juicio de dos cocinitas consagrados. La productora reúne a los candidatos en una gran carpa en el glorioso verano inglés (que a veces se muestra, en efecto, en toda su inundada gloria). A mí el programa me gusta porque, además de dedicarse a hacer pastelitos, la factura es también alta en glucosa. Es el tipo de producción, para entendernos, que le gustaría a  Pedro el Conejo. No pueden tratar con más amor a la fauna de outsiders (afrontémoslo) que reúnen en cada edición. Todo provoca una inmensa ternura.

Los jueces del asunto se llaman Paul Hollywood (el nombre es real) y Mary Berry (el nombre también es real). Paul Hollywood tiene lánguidos ojos de galán y es un chicarrón del norte al que le presumimos en eterno conflicto con su barriga. Mary Berry es la Simone Ortega del Reino Unido. Tiene una edad indefinida entre los 70 y los 120 años. Yo diría que le gusta pimplar, no mucho y en secreto. Y es capaz de hacer bajar la altura de un pastel con sólo mirarlo.

-Mary Berry al saber que has comprado el glaseado en el super:

mayberry

-Mary Berry al descubrir que tú pastel de verduras tiene la base húmeda:

mayberry

-Mary Berry al saber que has devorado a tu primogénito:

mayberry

EL concurso ha tenido tanto éxito que pasó a la BBC1 en su cuarta edición, y en la última incluso tenía una especie de  extra (An Extra Slice, de hecho) donde se dedicaban a comentar, ya en cuerda de coña, los mejores momentos del programa. A esta tertulia acudieron humoristas, cocineros y caras famosas en general. Uno se podía topar, sin parpadear, con testimonios tan curiosos como este:

-Y, ¿qué le ha parecido el pastel de arándanos rojos de Nancy, vicario Truman?

-Bueno, lo cierto es que no me gustan mucho los arándanos rojos -responde el vicario, completamente en serio-. Me recuerdan dos cosas que detesto profundamente: la Navidad y la cistitis.

Para mí, An Extra Slice era un ejercicio de compensación ante el desempeño real de la mayoría de la población. Desfondados ante los alardes de dragones y caballeros en galletas 3D que es capaz de marcarse, de repente, el vecino del quinto, no está de más zambullirnos en un baño de realidad. Y la realidad es que el común de los mortales perpetramos cosas como esta:

unicorn

Por supuesto, entre los concursantes, todo el mundo tiene sus favoritos. En el lado del desastre, mi favorito es el escocés Norman, cuya filosofía repostera podría resumirse en: “¿Azúcar? ¿Para qué quieres ponerle azúcar a un pastel? Con mantequilla y harina es más que suficiente”. El pobre hombre no tardó en volverse loco ante ese universo de islas de merengue flotantes y casas de galleta navideñas con sabor a vino caliente. Así que, desesperado, decidió añadir lavanda a uno de sus bizcochos. ¿Por que? Sin duda lo había leído en algún sitio y le pareció el colmo de la sofisticación. En cantidad suficiente, por supuesto, para atufar a un 747.
De Norman nos quedamos con su peculiar manera de espolvorear el azúcar. ¿Cómo se las arregla para semejante tarea un auténtico escocés? Pues con una pelota de golf.

golf

En el lado de la excelencia, creo que mi favorita ha sido Frances.  Si le pedían, por ejemplo, hacer un Victoria Sandwich Cake (dos bizcochos de mantequilla, colocados uno sobre otro, aprisionando una generosa palada de nata con fresas) ella te hacía esto:

frances_sandwich
¿Palitos de hojaldre? Te enmendaba unas cerillas gigantescas de chilli y chocolate:

matchesY este es su pastel de bodas, un Midsummer Dream Cake:

midsummer

Como personaje excepcional, me quedo con Ruby.  De alguna manera, la vida la ha conducido de modelo para guarrones en su primera adolescencia:

rudy1

a pastelera y estudianta de Filosofía con alta concentración de conciencia feminista:

ruby1

Cuando alguien sugirió que obtenía buenas puntuaciones y solía salvarse de la quema porque le echaba llorosas miradas de gato a Paul Hollywwod, ella respondió. Con una carta abierta en The Guardian: “¿Qué son lágrimas femeninas, en cualquier caso? ¿Son más frágiles y delicadas que las masculinas? ¿Van de rosa?”, escribía,antes de subrayar lo que considera una división de género en gastronomía: por un lado, los cocineros ‘machos’ y sofisticados de las estrellas Michelín. Por otro lado, la cocina ‘con encajes’ de las mujeres y ‘diosas domésticas’.

“Como colectivo, todos somos un tanto estúpidos -continuaba, hablando de la compatibilidad entre hacer mermeladas y ser feminista-. Yo lloro con el anuncio de Navidad de John Lewis, y nos encanta entusiasmarnos cuando aparecen las tazas rojas en Starbucks. Podemos ver tele basura como GBBO. Nos gusta aquello que podamos comprender con facilidad. No se trata de derrumbar el feminismo, o de hacerlo más femenino, o de suavizarlo o diluir ninguno de sus mensajes (…) Pero pienso que necesitamos cambiar los conceptos, hacerlos más inclusivos, menos académicos”.

La prueba final de esa edición fue, por supuesto, elaborar un pastel nupcial.

-¿Cómo sería tu tarta de bodas, Ruby?_le preguntaba una de las presentadoras.

-Dado que las bodas no son más que un ejercicio de autoafirmación y vanidad, no me interesan especialmente.

-¿Qué pondrás sobre el glaseado: “Uno de cada dos matrimonios terminan en divorcio”?

-Algo así.

Dispónganse a llorar

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Hay un sadismo refinado en eso de: “Este año, además de hacer que se gasten la pasta, vamos a hacer que se saquen la cartera enjugándose los mocos de pura emoción y diciendo: ‘Gracias, peña, gracias por hacerme comprar como si no hubiera un mañana. ¡Os lo merecéis! ¡Tomad mi dinero!”.

Aquí os los dejo, pues. El pódium de los emotivos anuncios de Navidad de este año. Escojan y lloren.

Sainsburý´s (dándolo todo):

John Lewis, a la línea de flotación:

Y por último, nuestro anuncio de la Lotería:

Ea. A gastar gustosos.

La mejor campaña comercial de la historia

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thetwofairies

Una de las señales sobre el pavimiento de Londres

No era muy difícil saber -siendo las fechas que son, vos quien sois- qué podía haber detrás de ello. Bajo el muy moñil pseudónimo de @thetwofairies, aparecía en Twitter una cuenta inglesa que se dedicaba a agasajar a la gente de mil maneras (regalos, encuentros, fiestas sorpresa, bonos de spa…) No era muy difícil, como digo, averiguar qué había detrás: unos grandes almacenes estaban echando el resto (Amazon, Ebay, Avoca, Liberty´s…) o un reciente ganador de la Lotería acababa de perder la cabeza.
Todo ello (los ripios, el juego anónimo, los guiñitos por Londres…) harían de la idea una campaña original, molona, inolvidable, incluso. Pero lo que la convierte en la mejor campaña de la historia es haber incluido en su desarrollo cosas como esta: regalar nieve a los niños de una escuela de Cornualles. Miren el vídeo justo antes de que la feliz tropa llegara y digan si parece o no mágico.

Y aquí, con la tropa:

El responsble de todo esto no era otro que M&S. Bless him. Si semejante campaña le supone cacahuetes comparado con la inversión, la caja navideña que hagan tiene que ser un delirio. Sí, de acuerdo, aquí nadie da nada por nada. Pero ya saben: si es lo que toca, por lo menos un besito. Un mimo. Un ‘yo también te quiero, cari’. Un poco de gasolina. Y si es así, lo que quieras, M&S. Pide por esa boca, moreno mío.

Fuerza pa la semana (Bossa Nova, Shivaree)

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Ciega de vicio

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Hace casi un mes me operaron de desprendimiento de retina. perroandaluz

Hace un mes, por tanto, que me limito básicamente –Paco Fox dixit- a hacer la fotosíntesis tumbada sobre mi lado derecho. La única actividad que tuvieron a bien permitirme es ver series con mi ojo bueno -que hace diez años sufrió su correspondiente desprendimiento, perdió una dioptría irrecuperable y actualmente sobrevive con un cerclaje-. Imagino que también se me permitía tragarme la lengua y suicidarme, pero eso no me lo dijeron.

El ojo malo ha conseguido, digamos, sobrevivir a sí mismo -y a la administración del SAS-. En el trancurso de la operación (je) fue congelado, achicharrado y gaseado, creo que en ese orden, y su aspecto final dejaba en muy mal lugar, por lilas, a los maquilladores de The Walking Dead. Ya parece un ojo normal, pero aún no lo es: sigo sin poder leer ni en papel ni en pantalla, de ninguna de las maneras. Imagino (no lo sé) que algún día podré, pero no sé con qué dificultad. 

Mientras el enigma se desvela, estoy aquí, escribiendo con el ojo ‘bueno’. ¿Por qué? Porque, como cualquiera puede comprender, estaba a un paso del frenopático -y a medio de la escoliosis, aunque la semana pasada ya me dieron permiso para sentarme. Sí, lo sé. Qué suerte tengo, amiguitos-.

La cuestión es que este arranque bulímico de teclas me hace comprobar, en carne propia, que lo de escribir empieza y termina siendo un vicio. No hay manera de quitarse y encontrarás la forma de seguir haciéndolo, patéticamente, como quien fuma a escondidas en el baño auxiliar, con un ojo tapado y las letras mal dispuestas sobre la pantalla. Pero allá vas. No importa lo que rajes o lo que te alejes. Caes.

Así, tal vez hoy, tal vez mañana, escriba otro ratito (esto sólo ha sido un pequeño pie), sobre cosas idiotas o sesudas, no sé bien, sobre apocalípticos e integrados, pichacortismos o concursos de repostería en la BBC: lo que tiene estar un mes luchando contra el delirio es que las ideas que has ido rumiando llegan a parecerte algo. Algo mejor que la muerte por encefalograma plano, en fin.

Ya veremos.

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