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Examen. Writing topic. Segunda parte. A escoger entre:

1. Carta de reclamación aportando ideas sobre un nuevo parque en el barrio.

(Boring…)

2. Cuenta algún momento en tu vida en el que el sentido de la oportunidad haya jugado un papel importante.

(But, are you kidding me or what? Good timing and MY life? Really?)

3. Costumbres y prácticas relativas a la salud en tu país.

(Mmmm…)

Y no, no hablé de mi dilatada experiencia sanitaria -sueño húmedo de cualquier hipocondríaco, excepción hecha de mí misma-, sino que, desesperada por contar algo interesante, decidí hacer un alimón entre realidad y ficción. Y me quedó algo así:

‘Los seres humanos somos criaturas fascinantes. Hemos sido capaces, con tal de creer en la garantía de salud eterna, de dar pábulo a un mito como el del unicornio y, acto seguido, salir a cazarlo. Y, a la vez, somos repetidamente incapaces de seguir una simple dieta aunque nuestro bienestar dependa de ello’.

‘Pero parece que, en lo relativo a la salud, la ciencia y el fervor en lo imposible han ido siempre de la mano.  En España, las camas de los hospitales le hacen sitio al informe del médico y a las estampas de los santos, en feliz convivencia, sirviendo de ejemplo a cómo las supersticiones relativas a la salud han sobrevivido hasta hoy en día’.

‘Por ejemplo, durante mi infancia, cada vez que tenía un orzuelo, mi madre y mi abuela corrían a buscar una llave, ya que según ellas el frío del metal -o tal vez algún tipo de magia simpática que implicara el ojo de la llave- combatía la infección. Y pasé el sarampión enfundada en un pijama rojo, en la superstición   de que el color haría salir ‘por contagio’ a las pupas. No era la única excentricidad relacionada con salud infantil en la época: un remedio ‘de toda la vida’ para animar a niños inapetentes era el candié, mezcla de azúcar, vino dulce y yema de huevo’.

‘Pero las prácticas tradicionales, mágicas y ‘alternativas’ a la medicina oficial no se quedan en los niños. Por ejemplo, es bien sabido que los huesos de corvina (yo puse bacalao, a quién le importa) curan el dolor de cabeza, ya que al trasluz  se puede ver la imagen de una Inmaculada en ellos’.

‘También se dice -hasta aquí los hechos reales, ahora empiezo a desvariar- que has de coleccionar orejitas de mar si quieres protegerte contra la sordera.  Si rompes un hueso, alguien ha de recoger piedras blancas y hacerle una ofrenda a San Osorio.  Si quieres conservar buena salud toda la vida, has de guardar tus dientes de leche (mucha gente los lleva como amuleto, colgando cerca del corazón) . ¿Mala memoria? Nada mejor que acostarse con un sombrero puesto, para que no escapen los pensamientos. Y, si sufres de los nervios, tienes que dormir en compañía de gatos, que ahuyentan los malos aires -si eres alérgico, imagino que mueres en el intento, pero qué más da-.

‘Y sí, yo también estoy más allá de todas estas invenciones de vieja. Pero debo confesar que, si tuviera una hija con un orzuelo asesino, la posibilidad de ir corriendo a por una llave (además de a por el antibiótico) se me pasaría por la cabeza. No más de un segundo, cierto, pero pensaría en ello’.

‘Así somos, en fin, con la penicilina en una mano y el libro de oraciones en la otra. Cazando unicornios e incapaces de ponernos a dieta. Como dije antes, seres fascinantes’.

»

  1. Candié!!! Claro, luego no querían que nos aficionáramos al piripi…

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  2. ¿Qué produce un orzuelo? Infección bacteriana. ¿De qué están hechas las llaves? De metal. Muchos metales (sobre todo zinc y cobre) sientan fatal a las bacterias, sobre todo a las que tienen una pared gram+ (cocos, los reyes de las infecciones epidérmicas), y las asesinan en cuestión de horas. Dos más dos.

    Mi bisabuela decía que tanto comer cáscaras de pipa como tragar gajos de mandarina enteros podía producir apendicitis, las primeras porque se te clavaban en el apéndice, los segundos porque se hinchaban como globos y allí se quedaban. La verdad es que el apéndice, por lo que sé, es un vestigio de una glándula que tenían nuestros muy primates antepasados, y que segregaba celulasa. Es decir, una enzima para degradar la celulosa (y así poder digerir hojitas ingeridas a punta pala, como los gorilas). A nosotros ya no nos funciona pero, si le echamos al cuerpo mucha celulosa, la glándula puede querer despertarse, constreñir su orificio de salida, inflamarse, infectarse y derivar en una apendicitis.

    El interior de las cáscaras de pipa y la parte blanca de la cáscara de la naranja tienen un altísimo contenido en celulosa. Dos más dos, de nuevo.

    En lo que falló mi bisabuela fue en la explicación, pero no en el proceso. Ya ve. Yavéh. Lo malo es que siempre acaba sufirendo San Cucufato,el pobre, sin que la Ciencia venga a absolverlo…

    Ya. Es un comentario científico-pedantorro. Sorry.

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    • Qué va, qué va… si a mí me ha encantado y pasmado a la vez. Evidentemente, hay veces que cuando el río suena, agua lleva -estamos abueletes hoy, ein?-. De la sabiduría popular a la científica, vía Microalgo Marino. Viva!

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