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Cómo ser escocés

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La otra noche, como alguno sabrá, se celebró en tierras escocesas la Burns´Night, onomástica que consiste en:

1. Celebrar la vida y obra de Robert Burns, insigne poeta local

Que los escoceses festejen el nacimiento de Robert Burns tiene todo el sentido del mundo. Poeta prerromántico -por tanto, muy romántico: gustaba de la exaltación del terruño, de lo fantástico, de la conciencia social-, biográficamente Burns pudo haber servido de inspiración a lord Byron. Formaba parte del club de los que viven rápido, mueren jóvenes y hacen un bonito cadáver. Era menos suicida que el inglés pero, indudablemente, igual de sifilítico. Y tal vez incluso aún más borracho. E igual de vanidoso: un día, henchido de generosidad, decidió obsequiar a una de sus muchas amantes con un poema en el día de su cumpleaños. Pero no sobre ella, estamos tontos, sino alabando las incontables virtudes que adornaban la incomparable persona del buen roving Robin.

En un país en el que he visto que un ceramista (de nombre Harry) se hacía llamar Harry Potters´, que alberga un grupo de gaiteros llamados Red Hot Chilli Pipers y que tiene la impudicia de bautizar un café en el muelle (dock) de Hay como Hay Dock´s Cafe, no me extraña que el héroe nacional a celebrar sea un pícaro con encanto.

2. Beber whisky y zampar haggis (morcilla)

Poco puedo añadir en este espacio. Excepto que he descubierto para qué sirve ese misterioso platito que veía en las tiendas para turistas. Obviamente, para pimplar en comunidad.

3. Reafirmarse en el sentimiento patriótico -aka, contar chistes contra los ingleses-. 

Tal vez sea una apreciación bastante epitelial y burra, pero a veces he pensado que un ejemplo del agravio comparativo que sienten los escoceses respecto a los ingleses lo podemos encontrar en el caso de Edimburgo frente a Londres. Londres, que es absolutamente maravillosa en muchos aspectos, parece una ciudad de nuevo rico si se compara con el apabullante casco histórico de la capital de Escocia. ‘Algo se ha torcido en la historia -piensa uno, en mitad de la Milla Real- para que el premio se lo hayan llevado los otros, ¿no?’. ‘¿Te lo explico cronológicamente o alfabéticamente?’, contestarían por aquí, parafraseando al Holmes de Guy Ritchie.  To add injury to their misery, han de ver como la Union Jack se ha convertido en un objeto iconográficamente atractivo gracias a la contribución de su cruz de San Andrés: ‘ Ella (Isabel II, a la que nunca se refieren como la ‘Reina’, o ‘Su Majestad’, y muy raramente por su nombre) no debería olvidar eso’, apuntan, realmente indignados.  Y folclóricamente, Inglaterra es Escocia -Robert the Bruce se está revolviendo ahora mismo en su tumba-: ¿quién tiene el traje regional absurdo? Ellos ¿Quién la música tradicional irritante? Obvio.

‘¡Con lo que Ella (She-TheEvil, por hablar en escocés) -aquí la indignación es inenarrable- sigue recibiendo divisas a nuestra costa!’

La Burns´ Night resulta también un momento imbatible para celebrar las diferencias lingüísticas, en una ¿variante? del inglés  -me matan si me escuchan decir esto, pero aún me matan más si se me ocurre decir ‘dialecto’- de marcadas raíces nórdicas. Por ejemplo, bright es braught; knee, pronunciado con e, es saber (know); mind es recordar -si te dicen ‘I don´t mind’ no es que les importe un carajo-; wee, la más conocida, es pequeño; kirk, iglesia, claro.

Pero, sobre todo -y como sucede en toda manifestación nacionalista- se dedican a subrayar su superioridad moral a base de chistes -ahí está la diferencia-. Por ejemplo.

Dios y San Pedro.

San Pedro le dice a Dios: ‘Señor Todopoderoso, le has dado a la Escocia minas, petróleo, gas,  paisajes de una belleza apabullante, el privilegio del contacto con la naturaleza, mujeres bellísimas, pensadores, escritores, científicos… ¿no crees que te has pasado un poco?’.

‘Qué va -resopla Dios-, aún no has visto a sus vecinos’

»

  1. “Desde esta colina, los días buenos, se ve toda escocia”, dice un patriota. “Y los malos”, responde otro, “se ve incluso Inglaterra”.

    And so on.

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  2. La tradición de chistes entre escoceses e ingleses ha llegado hasta lo más granado del humor británico, como demuestra este sketch clásico.

    Responder
  3. Cuando estuve currando allí (en Dundee), la tira cómica del diario se metía constantemente con ellos. En una vi a un grupo de seguidores de William Wallace patrullando el bosque. De repente, uno se detiene y olfatea el aire.

    “¡Perfume!”

    Todos echan mano a las espadas.

    “¡¡Los ingleses!!”

    Responder

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