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El club de los suicidas

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A. es un antiguo compañero de facultad. Es encantador y divertido y, en quince años de contacto, ninguno de nosotros ha logrado ahondar mucho más en él. De hecho, si un día alguien encontrara un par de cuerpos troceados en el congelador de su casa, creo que no nos extrañaría tanto. “No lo entendemos: era un chico encantador, divertido”, dirían los vecinos.

Cuando se enteró de que estaba de bajón, A. tuvo el detalle de encerrarse en su despacho y dedicarse, durante tres horas, a convencerme de que él también era un fracaso.  “Se te ve muy bien, eso es importante”, saludó en nuestro último encuentro. Una entiende lo que significa para sus amigos en momentos como ese: cuando, convertida en lo más parecido que existe a un Gollum travestido con peluca y vestido de mariposas, tienen el estómago de decirte que estás guapa. Ya ven: yo era una feliz hobbit que hacía magdalenas y, de repente, aquí me tienen: transmutada en un repulsivo ser de ojos grandes, huesos grandes y eterna y obsesiva letanía. La vida.

-Tú tienes un montón de recursos para salir de esto, ya lo verás -dice A., casi riéndose ante mi cara de escepticismo-. De verdad, tú, al menos, puedes hablar del tema. Yo no podía ni hablar de ello. Si a mí me hubieras encontrado al poco de romper y me hubieras preguntado: ‘Oye, ¿qué tal lo llevas?’, yo habría balbuceado algo absurdo y me habría tirado de cabeza, sin excusa ni nada, a la boca de Metro más cercana.

-Una amiga me comentaba el otro día que el amor es perverso…

-Es que lo es…

Unaboquitapresta, con cofia, haciéndome compañía en la habitación del hospital. Lo único que no coincide es lo de la tarta.

-Esta amiga se chupó un montón de este último hospital -le explico-. Hubo un momento en el quiso venir a acompañarme a la ambulancia pero tenía una reunión en el trabajo y no la dejaron. “¿Es que no hay nadie más que pueda ir con tu amiga?”, le dijeron. Y ella (que se vio reflejada en mi situación, tirada cual calcetín) empezó a farfullar que si las dos fuéramos lesbianas, o yo fuera un tío, y fuéramos pareja, todo sería distinto. Y que qué mierda de mundo este.

-Es que tiene razón.

-Ya, lo malo es que se puso a llorar y todo el mundo se creía que estaba tarada por sus movidas: “Entendemos, Boquita, que estás muy alterada por lo de tu ex…”, “Que no es eso, que no es eso…”, repetía ella.

-Je, pobre.

-Sí. Mi amiga dice, también, que el amor es perverso igualmente  en su concepción, en su estructura: cuando terminas con alguien, de repente, la persona social y emocionalmente concebida para ser tu todo y en torno a la cual, en mayor o menor medida, pivotabas, se transforma en nada. Nada. De repente. De 100 a 0 en un segundo. Como para no volverte loco.

-Y lo único que puedes hacer es aguantar mientras te jodes vivo -apunta A., rebosante de optimismo. -Hay quien dice que una ruptura (cuando es de verdad, y no de esas rupturas de alivio) es la experiencia más traumática que puede vivir un ser humano. Más incluso que la pérdida de un ser querido porque, al fin y al cabo, la muerte es infalible, total, inasible. No puedes tomarte unas copas con ella en el Tanatorio y decirle que menuda putada, que si no puede hacer una excepción…

-COMO SI FUERA UN PERSONAJE DE TERRY PRACHETT.

-Exacto. Pero cuando acaba una relación no es una mano terrible e invisible la que aparta a quien quieres de ti… O es tu propia mano o es la del otro.

-Y es aún más difícil de asumir…

-¿Sabes? Lo de la tipa esta pasó en 2006, y todavía colea.

-Pues qué bien, veo que es rápido.

-No, con eso sólo te quiero decir que te entiendo… No sé, durante dos años yo fui incapaz de ver, no sólo una película romántica, sino cualquier cosa que tuviera un tono medianamente positivo, medianamente feliz. ¿Esa amiga del hospital, va también a Londres?

-Sí, ya sabes, en un viaje que parece patrocinado por las amazonas de Futurama… ¿Oye, te has dado cuenta de hasta dónde nos han llevado nuestros pasos?

Nuestros pasos nos han arrastrado, efectivamente, hasta el viaducto de Madrid. Nos asomamos unos segundos a las láminas de metacrilato.

-Piensa, ¿no sería mucho mejor, más hermoso, más coherente y, desde luego, mucho menos patético y manido que, puesto a tirarme, me tirara contigo en vez de con alguna de mis parejas?

-Mmmm… visto lo visto, sí.

-Yo me tiraría contigo, gustoso.

-Yo también me tiraría contigo, por supuesto -sonrío, con esa satisfacción incomparable que da haber encontrado un compañero de suicidio-. ¿Una cerve, antes de bifurcarnos?

-Perfecto.

»

  1. Teníamos que habernos comprado los muñequitos!!! La tarta pega, me la comía yo. “Aperitivo para acompañantes”.
    Pues sí, algún político de corazón huérfano debería inventar una figura legal “Responsable social” o similar, para que tu amigo del alma pueda cogerse los días de hospital para estar a tu lado. Para que no te miren raro: “No, no soy su hermana, ni su novia, ni su cuñada. Soy su amiga joder”. Qué llantina me pegué esa mañana…
    Como dice el Miranda, en esta sociedad nuestra la amistad está infravalorada con respecto al amor, lo cual es inconcebible. Somos más generosos, sinceros y leales con nuestros amigos.
    Al final, y permíteme que me ponga pedante, el amor romántico no es más que otra herramienta de control de masas… Véase Falocentrismo, Sociedad Patriarcal, Capitalismo, etc…

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  2. De todo hay en la viña del Señor, Dama Vila. De todo, entre los amantes y entre los amigos.

    Y a veces está uno en el lado de acá y a veces en el lado de allá. Porque así es la vida. Recuerde eso que decía Jardiel Poncela, que el amor es un elástico sujeto entre los dientes de dos personas. Siempre hay uno que suelta y…

    (Lo siento, hoy no tengo un lunes muy empático).

    Aun así y aun con todo (creo que va sin tilde, Ustedes, que saben de esto, corríjanme si la lleva), querría poder haber llevado esa mano en la ambulancia.

    Querría poder haber llevado. Tome Usted sarta de verbos para intentar expresar lo inefable.

    Quién entiende a los putos humanos, por Dios. Menos mal que soy una microalga.

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  3. Gracias a ambos, por hechos e intenciones. Y sí, el amor romántico es el mejor invento de control del ser humano -junto con la religión-, bien cocidito con sus miedos y su afán de transcendentalismo -pues va a ser que no me he transmutado en amazona de Futurama sino en compañera de correrías Patty&Selma-.

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  4. No me vaya Usted a decir ahora que “están verdes”, Hermanastra.

    Decía mi amigo Lenisio Dimas, “Yo sé que el amor es la mayor de las farsas. Y sí, también la mejor, por supuesto”.

    Me pongo el crono y volvemos a comentarlo dentro de un año.

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  5. Siempre lo he pensado, incluso en los ataques agudos de fiebre🙂 Que uno caiga, no quiere decir que no lo sepa. Muy de acuerdo con esa frase de su amigo.

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  6. Aprendiz de Arpía

    Si, pero como decía Barbra Streisand en “El amor tiene dos caras”, ¿por qué nos empeñamos en el amor romántico si sabemos que tiene mucho de ficticio y al final nos hace sufrir?, y ella dice algo así, ‘Porque cuando llega te hace sentir de puta madre……’

    ¿No es así más o menos?

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  7. Pues así es, sí. Agradecería que nuestro cerebro tuviera una enzima para eliminar los ratos chungos y preservar los buenos. Lo que ocurre es que los chungos suelen ser siempre más recientes que los otros. Y ocurre también que tal enzima no tiene muchos visos de existir, por lo que veo.

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  8. Sigo pensando que teníamos que habernos comprado los muñequitos😦

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