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Marta Estuardo II

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Y es que todo en esta mujer parece increíble. ¿Recuerdan el libro de ‘Los Gnomos’ que tan feliz nos hizo en nuestra infancia? Pues su avispado maridito fue el que se hizo con los derechos de la edición inglesa y, en la gala de presentación, la Estuardo aprovechó para hacerse con los contactos necesarios para publicar su primer libro: ‘Entertaining’. El mismo día que el segundo, ‘Weddings’, veía la luz, los Stewart firmaban el divorcio -isn´t it ironic, que diría Alanis?-.

Mientras, por supuesto, tuvo lugar la jornada de ascensión: cientos de columnas en los periódicos, artículos en varios revistas, apariciones en televisión. Una ascensión que acabaría en la creación de su propia revista, Martha Stewart Living, de la que Stewart era directora jefe -en 2002, llegó a vender más de dos millones de copias por número. Estados Unidos, lo olvidamos a menudo, es un país inabarcable-. En 1993, comenzó su programa de televisión. En septiembre de 1997, Stewart pudo fundir televisión, trabajos editoriales (libros y revistas), internet, correo y merchadising en un sólo negocio, y formar una nueva compañía, Martha Stewart Omnimedia. Stewart era consejera, presidente y titular.

Convertida en criatura lovecraftiana de infinitos tentáculos, a la Stewart -y su historia- le faltaba algo evidente: el pathos, el drama, la tragedia. El inevitable los ricos también lloran. Y aquí llega.

A comienzos de 2002, su imparable carrera paró en seco cuando tuvo que hacer frente a cargos por vender las acciones que poseía en la farmacéutica ImClone, pocos días antes de que se les denegara el desarrollo de una nueva droga. Las acciones de la compañía bajaron y Stewart fue acusada de fraude y ocultación de datos e información confidecial. Para colmo, el fiscal la acusó, además, de mentir a los inspectores y de obstucción a la justicia. Poco después de esto, por supuesto, su programa de televisión fue cancelado y ella fue obligada a dimitir como titular y consejera de su compañía.

(Todo es demasiado hermoso para ser cierto, ¿verdad? Pero sigue)

Llegado a este punto, ¿qué es lo que hemos aprendido? Que la tal Martha Stewart tiene muchos pelos rubios pero ninguno de tonta. Y sabía pero que muy bien que no hay nada que guste más a la gente -como dirían en ‘Chicago’- que una pecadora arrepentida. En una escena digna de ‘El crepúsculo de los Dioses’ o ‘Testigo de Cargo’, la tipa se declaró culpable y aceptó la condena a cinco meses de prisión que le sentenciaron en 2004. Fue puesta en libertad en marzo de 2005, en régimen de libertad vigilada -de hecho, tuvo que llevar un brazalete magnético durante los siguientes cinco meses… qué buenas líneas haría de esto cualquier serial venezolano, no digan-.

A su salida de prisión, fue admitida de nuevo en Martha Stewart Living y publicó, además, un nuevo libro: ‘Las reglas de Martha’. Y no, no era una guía para caza-maridos: tras los meses de maceración entre rejas, la Estuardo se atrevió con un compendio de… ¡¡¡consejos empresariales!!!

Pero ahí no acaba todo: siguiendo la lógica empresarial que ha permitido que a Kate Moss se le tripliquen los contratos tras aparecer destrozándose el tabique nasal y el cerebro, Martha Stewart Living Omnimedia se unía a la constructora KB Home poco después de que la Estuardo abandonara chirona. ¿El objetivo? Construir urbanizaciones y fincas por todo el país -y, repetimos, Estados Unidos es grande de cojones: sería como tener derechos de construcción de Madrid a Moscú- al ‘estilo Martha’. Los precios de las casas oscilan entre los 200.000 y los 400.000 dólares.

Y la guinda del pastel, la cabriola que la hace merecedora del título ‘Arpía del Año’: los últimos rumores señalan que la Stewart (que tiene 65 años) mantiene un affair con uno de los accionistas de la constructora con la que trabaja. Al parecer, esa es la razón por la que el tipo haya solicitado el divorcio a su mujer, Sandra Lee… ¿y quién es Sandra Lee? Pues esta señora. Sí, sí, ya ven: es un clon de la Stewart que se dedicá a aconsejar acerca de cómo hacer un buen pavo al horno, sólo que veinte años más joven, por supuesto.

(Y uno casi imagina a Marta Estuardo diciendo: ‘Ajá, ¿una advenediza con marido forrado? Pues vas a ver lo que hago yo con las advenedizas…’)

Toda esta historia, por supuesto, guarda una suculenta moraleja.
Una arpía puede serlo a pesar de desmesurada afición por las florecillas silvestres y las novelas rosas. Es más, puede serlo a pesar de su desmedido amor por peluches y bombones. La herencia genética hace
que las mujeres sintamos sienta debilidad por todas las criaturas que sean A.Pequeñas. B. De grandes ojos. Para colmo, durante siglos, sociedad y cultura han fomentado que el gran objetivo femenino no fuera otro que ser feliz con el hombre que le hubiera tocado en suerte -o en desgracia, la mayor parte de las veces-. Pero eso son defectos de
fábrica adicionales.

Reflexionen: Isabel I tumbó a la Armada Invencible -con un tanto de
ayuda de los elementos y de la inevitable nerditud española- mientras
lloraba de emoción con las escenas románticas que veía en el teatro; el
bloqueo napoleónico a Inglaterra se rompía porque Josefina no podía
vivir sin sus rosas; Cleopatra se merendó a dos emperadores mientras
sopesaba ungüentos y pontingues sumergida en leche de burra; Jackie
Onassis, una que-me-rompo de catálogo, se casó primero con JFK y después con el millonario griego más millonario de todos los tiempos. Y, como ven, la tal Marta Estuardo se codea con los Vanderbilt gracias a sus dotes para las mermeladas y los centros de mesa.

Un comentario »

  1. Pingback: Cashmere Mafia « cuerdas desatadas

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