Canal RSS

Archivo de la categoría: Prozac

Subidón

El blues del autobús

Posted on

Motivada por los comentarios de Barbijaputa, decido solazarme tragándome One Day. Una película que se podría resumir con varios de los más grandes clásicos de mi progenitora  (#DichosdelasMadres):

1. De lo bonico no se come.

2. Siempre hay una mierda pa un tiesto.

3. Los amantes de Teruel, tonta ella, tonto él.

Eso, así como resumen de la cosa. Pero, tras el visionado, llegué a varias conclusiones interesantes:

(por si a alguien le importa, a partir de aquí espoileo un huevo) 

-El tiempo es, realmente, el gran justiciero para todas las que hemos sido las gafotas de la Facultad.

-Quiero el apartamento que la prota tenía en París. Pero no en París, claro -ciudad inclemente que detesto-.

-He de encontrar el hilo de Ariadna que une todas mis paridas, que es lo que realmente puede tener enjundia suficiente en el edito-mundo.

-La vida es corta, puta y dura. Y también es idiota. O, más bien, la idiotez la ponemos nosotros.

-Si eres una heroína tragicómica romántica, no es descartable terminar arrollada por un autobús.

Y este último punto es especialmente suculento: Who-do-you-think-you-are? - parece decir la lógica narrativa del destino aka Dios, aka Fuerza Cósmica, aka el Espagueti Volante-, si te empecinas e ir contra los hados y conseguir ese amor que tan impertinentemente deseas, la espicharás. Juego similar al que le hicieron al iracundo (no puedo decir al bueno, no) de Aquiles -aunque en esa ocasión, su madre tuvo el detalle de avisarle antes-: tienes dos opciones, chulo mío, morir joven y tomar Troya  o morir viejo salivando sandeces. Aquiles no dudó.

Imagino que fue Ana Karenina la que le vino a dar un poco de rock´n´roll a todo esto de morir por amor, cuando optó por la muerte por picadillo entre las vías del tren frente al final tradicional de las heroínas románticas al uso -que en esa época, bien por Tolstoi, solía ser morir escupiendo sangre en brazos del héroe -siempre me ha parecido especialmente gráfica la palabra en inglés para el asunto, consumption. Consumidas. Consumidas por dentro y por fuera, sí-.

La  imagen del picadillo como escabechina final y absoluta ha debido quedar flotando en el inconsciente colectivo: Medem escogió un camión para sellar el final de Los amantes del Círculo Polar y David Nicholls hizo lo propio con los protagonistas de su novela. Ocurre que a mí, por mucho que me haya podido pillar la historia, por muy conmovida que esté y por mucha transferencia empática que sienta con la protagonista -en el caso de la pizpireta Emma/Hathaway, ni de coña con la sosa borde de Ana/Naiwa-, el final del trolebús me puede. Me puede. Me descojono como una mala bestia.

Soy una nazi.

Debo tener la sensibilidad en la punta del glande que nunca desarrollé.

Todo el asunto me hace recordar la revisión que mis amiguitas del cole y yo cantábamos de aquel Lady, lady ochentero. Ya saben, una de la muchas canciones a lo Penélope que trufan la música contemporánea/pop/rock, esa piscina de obsesión y demencia sentimental.

Aquí, la versión original:

Aquí, nuestra versión del estribillo:

‘Lady, lady, lady,

se pinta los ojos de azul 

aunque hace mil años

que se cayó de un autobús

(de un autobúuuuusss…)

Ese día de verano

se pegó un gran guarrazo

Lady, lady, lady,

tiene los huesos de cristal

y cree que algún día

volverá a andar’.

Ya ni siquiera soy capaz de decir si lo hicimos nosotras o lo escuchamos en algún sitio. Pero vaya. Que alguien se atreva a decirme que los niños no son crueles -servidora era la pava de la clase y atención cómo se las gastaba-.

La pequeña Pili unía así, sin saberlo, las dos profecías autocumplidas hacia las que parezco encaminarme: muerte por picadillo o dilecta Miss Havisham.

(Y, si me dan a escoger, hago como Aquiles, el primer existencialista de nuestra historia: muerte por picadillo, siempre. Al menos, que me entretenga por el camino :) )

Fiebre primaveral

Manolo Rivas -que también debe padecer estas fiebres- decía hace años que si se pudiera ser de un club o una asociación como placebo a una doble nacionalidad, él se haría del Club Portugal.

¡Qué placer! -decía Rivas, provocando escalofríos de placer en todo el que lo leía-. Recibir de tanto en tanto un juego de toallas, o actualizar el temblor de los fados o que te manden por Navidad una cesta con café Sidal, atún en aceite, bacalao y mermelada de naranja y yemas de convento, todo coronado por una golondrina.

No se puede estar más de acuerdo. De existir, el Club Portugal tendría más miembros que portugueses. Servidora misma, no lo duden.

Cada primavera, ignoro el motivo, me entran unas ganas irreprimibles de largarme a Lisboa o a cualquier pueblecillo con luz y verde. Mientras a otros el equinoccio les arrea unas alergias que se mueren, a mí me endiña una especie de fiebre lusitana ansiosa. A veces he pensado que la Cuaresma debe gastarse ondas subliminales de bajo espectro que me despiertan un apetito insano por el bacalao -en cualquiera de sus mmm… salivantes formas- y por los -maravillosos- postres de huevo que hacen aquí nuestros vecinos, insuperables allende los globos.

Detesto como nada -como nada- la suciedad y la dejadez aparentemente románticas de Lisboa. Pero hay muchas otras cosas, dentro y fuera de Lisboa,  que asocio al picor del buen tiempo.

Me encanta la luz. Me encanta su luz.  Me encanta el café (la mejor versión de la última droga legal). Las ginjinhas. Los pastelitos de Belém (¿quién los inventó, quién fue? Maldito. Bendito. Maldito. Bendito). Los tranvías como de hojalata. Castaños y castaños. El Gulbelkian. Las leyendas de amor delirante.

Me sueño en la terraza de este B&B, viendo hacer piruetas a los vencejos en mitad de un huerto en mitad de la ciudad, en un dobladillo del barrio de Graça, con vistas de delirio.

Y entrar en tiendas como la Conserveira, o la perfumería Alceste -con su nombre y su espíritu como de viñetas de TBO-, o la sobrenatural Caza das Vellas de Loreto.

Y, sobre todo, en la magnífica A Vida Portuguesa -por Dios, entren, entren-, la más maravillosa idea para una tienda, la más maravillosa idea para una cadena de tiendas, la más maravillosa idea del mundo. A Vida Portuguesa se dedica a recopilar, como una urraca vintage, todos aquellos productos con sello específicamente y nostálgicamente portugués. Como bien diría Abundio, saudade a golpe de Visa. El símil en España sería una tienda que vendiera, sin distinciones, jabón lagarto y Pictolines, alpargatas de Castañer, cuadernos Rubio y gomas Milán nata.

En A Vida Portuguesa se pueden encontrar cosas como esta:

O como esta:

O como esta:

En fin. Suave saudade portuguesa. Y primaveral.

Mientras, y como no sé si caerá, me voy poniendo parches.

Lucy, Elton y John

Por uno de esos juegos del Facebook, descubro que el número uno de la lista de éxitos en Estados Unidos la semana en que nací fue este tema. Y me encanta la versión. Así que, aquí lo cuelgo. ¿Cuál era el vuestro? En la wiki

Moñadas navideñas

Vale, me he subscrito a una revista. A esta revista. Como pueden imaginar -y temer- su principal encanto es que reúne, en inquietante mezcla, toda una vasta colección de moñerías y delirios anglófilos. Desde la receta para hacer el mejor Eton Mess -con permiso de Nigella- hasta el inaudito bus-tea room que se dedica a recorrer la campiña de Cambridge o la imbatible moña que trisca con sus ovejas envuelta en capas de tweed como si fuera la prima de Robert the Bruce -estoy citando literalmente, por si alguien lo dudaba-.

En el número de Navidad de este año, los editores han echado el resto buscando personajes típicos. No puedo evitar violar todas las leyes del copyright posibles, imagino, y endosar aquí las fotos y un extracto de los textos. Para que ustedes me entiendan, y adoren, como yo, esa Hobbiton de papel couché, pero Hobitton al fin y al cabo, en la que me gusta revolcarme cual cerda desenfrenada.

CHRISTMAS CHARACTER I. Cuerda desatada navideña

Pero, ¿cómo una cosa tan bruta puede hacer una estampa tan mona? Les cuento: la sonriente moña de la imagen se llama Anna Usborne. Los fines de semana, ella y sus burritos -Chester y Teddy- recogen los encargos de las tiendas y los van llevando de casa en casa. En Navidad, por supuesto, incluyen algún juguete de motivo asnal -y a los burros les endosan un gorro de Papá Noel, o de Father Christmas, que es lo propio-. Al parecer, esta manera de encargar y llevar las groceries pervivió en algunos pueblos de Inglaterra hasta la II Guerra Mundial; Anna decidió continuarla hace unos años.

Más información  chalforddonkeyproject.blogspot.com

CHRISTMAS CHARACTER II. Cuerdo desatado navideño.

Vale. De tanto tiempo -treinta años- dedicado a encaramarse a los árboles investigando la matas de muérdago, a Jonathan Briggs se le ha puesto cara de duende. Ecologista convencido, se dedica -junto a su mujer- a recolectar la planta -un parásito con especial querencia por los manzanos- y a venderla a distintos clientes. No sólo envía matas de muérdago por correo, sino que ha instaurado -por supuesto- el Día Nacional del Muérdago (3 de diciembre) e incluso elabora un kit para todos aquellos que deseen cultivarlo, con 50 bayas e instrucciones.

Más buy.mistletoe.org.uk

Slang americano/británico

Cuánto me he podido reír…

Mr. Potato

(A mis queridas miss Flipington y Anabella Skeptipton, con amor)

La semana pasada, la brillante Elvira Lindo glosaba las cualidades del que habría de ser su hombre ideal -el hombre ideal-. Una especie de carta volandera a Mary Poppins  con la muy buena excusa de loar las virtudes del cada vez más loable -para nuestro gusto- Leonardo Di Caprio. “Deme un hombre -titula y comienza Lindo su artículo- que no pierda jamás la cara de niño; deme un hombre con músculos de hombre, no con esos brazacos de pollo hormonado que les salen en los gimnasios; deme un hombre que sepa guiñar el ojo; deme un hombre que ante una escena conmovedora se desarme y sepa expresar melancolía sin mover un músculo; deme un hombre con ojos de niño y cuerpo de hombre; deme un hombre con un poco de barriga, siempre es más acogedor abrazarse a una barriga que a una tableta de chocolate (…); deme un hombre que a veces parezca guapo y otras tosco, a veces muy listo y otras algo bobo; deme un hombre que tenga cara de bueno y alma de estafador; que sea un infeliz, un advenedizo; deme un hombre al que le sienten bien los uniformes, que cuando se vista un uniforme de piloto de la Pan Am parezca un piloto de la Pan Am; deme un hombre que de pronto se rompa y llore con lágrimas verdaderas; deme un hombre al que nadie ha querido, alguien que lleve la cara de perdedor desde la línea de salida”.

De acuerdo, es como ver a una niña jugando con Mr. Potato. Vale. Pero si Elvira Lindo hiciera de esto una propuesta a la que subscribirse -’Por los tipos con cara de mataos, ojos de niño y brazos de hombre’-, mi firma encabezaría la lista. Y sería la primera de muchas. Y la retuitearía. Y la colgaría del corcho de la comunidad de vecinos.
Ahora, si a mí me dejaran jugar con Mr. Potato, añadiría a la lista  la sensibilidad de un hombre que supiera apreciar en su justa medida cuándo y por qué necesitamos ponernos el disfraz de pecadora y que fuera capaz, a la vez,  de invitarnos a un tequila y prepararnos una merienda de niña para ir al trabajo -con Tigretón incluido-.

Pinchen en la imagen. Qué no hubiera dado yo por ellos de pequeña. Bueno, dar no hubiera dado nada. Habría matado, directamente, sin remordimientos.

Tan encantador que hasta le cogeríamos cariño a su mejor amigo, ese que nos deja deja el sofá lleno de pelos y no tiene  conversación. Que tuviera pinta de no estar en ningún sitio y al que poder quitarle las gafas cuando al fin, se parase y se quedara dormido. Un antihéroe al que invitar a un Martini cuando the poor thing descubriera, desolado, que el Arca Perdida está -como dicen- escondida entre los estantes de algún almacén de Ikea. Vaya por Dios.

Un hombre lo suficientemente desastroso, pupas y sobradillo -no obstante- como para protagonizar escenas como esta:

Hairbrush Performances I: Pushing Daisies

Olive la camarera canta sus penas de amor en ‘Criando Malvas‘. Si no lo habéis visto, lo recomiendo encarecidamente. Pinchad en la imagen para ir a Youtube porque la inserción está castrada.

Esa lengua

En ocasiones, leo el TLS. Es triste comprobar cómo, tras tan edificantes e intelectuales incursiones, lo único que retiene mi cerebro son detalles como estos.

Rodaje de Mogambo. John Ford, sofocado -imaginamos- por la cercanía de Ava Gardner no pudo aguantar preguntarle un día cómo era posible que una mujer tan bestialmente hermosa como ella pudiera estar con un tipo como Frank Sinatra “que no pesaba ni sesenta kilos”. Ante semejante increpación, Ava Gardner -maestra arpía- suspiró profundamente y le dijo: “¿Sabes, John? Tienes razón. Frank pesa muy poco. En realidad, sólo pesa diez kilos: el resto es polla”.

Es la misma mente que, años después, al enterarse de que el dilecto Frank se había liado con la escuchimizada de Mia Farrow, fingió un gesto de cansancio y escupió esta joya del despecho: “Siempre supe que Frank acabaría con un hombre”.

Terapia alternativa (II)

Está visto que nada me detendrá en mi descenso al oprobio.
Reincorporada en mi puesto de trabajo, consciente de las turbulencias que atravesaba, una de las chicas de una de las editoriales me dijo: ‘¡Jodorowsky! Te voy a mandar al Jodorowsky que seguro que te anima y te da en el clavo!’.
Bueno, es cierto que el Jodorowsky ha desarrollado -queridos y bien amados escépticos, y los no tanto, querido Microalgo- una suculenta teoría capaz de explicar el por qué del funcionamiento de todo tipo de supersticiones caribe -tal que limpias espirituales, exorcismos, Feng Shui varios-, totalmente alejadas de la ortodoxia científica pero con una suerte de efecto placebo -o no- en nuestras entretelas mentales. Donde se cuece todo -dice Jodorowsky-, es en el inconsciente. Pero al inconsciente no puedes hablarle con palabras, porque no las entiende: no son su código. Puedes analizar y comprender racionalmente qué es lo que te pasa,  cuál es tu problema, qué va mal, pero eso le sirve de más bien poco al núcleo, porque el núcleo funciona con símbolos. Símbolos que pueden ser universales o que dependerán de la naturaleza y cultura de cada cual (Jung). Por eso a algunos les puede funcionar un hisopo mojado de agua bendita, una oración a Yemayá o las argucias de una tarotista alemana. Por eso la fe absoluta en el perejil a San Pancracio, en los nudos a San Cucufato o meter la foto de nuestro peor enemigo en el congelador, a lo Vïctor Sandoval.
A cada cual, digamos, su ritual.
(Y corramos un tupido velo sobre los delirantes ejemplos de práctica psicomágica del Jodorowsky, que son descacharrantes).
Pues hablé con él. Con el psicomago chileno, a resultas de su Metagenealogía -psicología sistémica by Jodorowsky, por decir-.Y no sé bien si on/off the record, tuvimos esta conversación:
Jodorowsky: -A ver… ¿tú qué buscás en la vida?
Cuerda Desatada: -Pues…
J: -¡No, no seás intelectual! ¡Simple! ¿Qué buscás?
C.D.: -No, no es eso, es que me da vergüenza…
J: -Aaahh… desímelo, vamos…
C.D.: -Amor.
J.: -Ah, eso es que no le dieron amor de pequeñita, por eso lo buscás. No vio amor en sus papás, o no se lo mostraron.
C.D.:-Ya. Dice que, en las familias, el primero que lleva un nombre determinado detiene el ser. Pues estamos jodidos, porque yo soy la tercera Pilar.
J.:-¿Cómo? Pues ya le digo que el padre de su abuela no se shevaba bien con ella. ¿Qué le quería cargar en los hombros? ¿Era la mashor?
C.D.: -Sí, era la mayor de muchos hermanos.
J.: -Ahí está.Ahora hay que preguntarse qué le querían cargar a vos… ¿no tenés otro nombre?
C.D.:-Sí.
J.:-¿Cuál?
C.D.: -Marta.
J.: -Marta. ¿Y quién le puso Marta?
C.D.: -Mi padre.
J.: -¡Madre de Dios, qué desastre! ¿Ni siquiera pudieron ponerse de acuerdo para ponerle un nombre, eh? El primer acto de sanación, para vos, sería cambiar el nombre… ¿no será Marta el nombre de otra novia de su papá, no? Porque lo empeoramos…
C.D.: -No, no…
J.: -Bien. Pues Marta, entonces. A partir de ahora. ¿Desde dónde llamás?
C.D.: -Desde Cádiz.
J.: -¿Y no le gusta Cádiz?
C.D.: -No.
J.: -¿Y por qué no salís de ahí?
C.D.: -Pues… imagino que por infraestructura.
J.: -Ya… seguís siendo una pequeña niñita, que tiene miedo del bosque. Pero el bosque es también nuestra casa. El mundo es nuestra casa… Sho también vivo en París, que tampoco me gustá mucho, ¿eh? Pero, al menos, ¡lo he escogido sho! ¡Y nadie te habla, pero sho busco que no me hablen!

Cuerdo desatado

Nuevamente, ¿cómo he podido vivir sin conocer esto? Reacciones de un hincha del defenestrado River. En redacción creemos que tiene aptitudes para ser jefe de Deportes
Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 453 seguidores