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Tranquilidad y buenos alimentos

Siempre me ha sorprendido la historia del Keep Calm and Carry On -¿cómo podría traducirse en español, “Tranquilidad y buenos alimentos?”-. Me parece de una brillantez pasmosa -o de un pasmoso delirio- que, en plena merienda de negros, el Gobierno británico pensara que lo mejor que podía hacer ante un eventual desembarco alemán en la II Guerra Mundial era:

1. Llamar a Angela Lansbury

2. Ordenar al Ministerio de Propaganda que emitiera una serie de posters para animar a la población ante la eventualidad de una invasión alemana. ¿Que las SS pasean por St. James Park? Bah, bobadas. El efecto que ‘Tranquilidad y buenos alimentos’ tendrá en nuestras buenas gentes será sin duda el revulsivo necesario para expulsar a las hordas fascistas de las dignas tierras del rey Jorge.

Keep Calm and Carry On -Calma y sigue adelante, vaya- fue, en realidad, el tercero -y se temían que definitivo- de los eslóganes que el Ministerio de Propaganda realizó durante la guerra. Todos ellos recogían, de alguna forma, el espíritu del famoso Discurso del rey: “Vuestro valor, vuestro ánimo, vuestra resolución nos llevarán a la victoria”, decía el primero. ‘La libertad está en peligro’, advertía el segundo. Sobre ambos, lucía, en efecto, la corona de Jorge VI. Los carteles se repartieron por autobuses, trenes y metros, en todos los escaparates, tablones de anuncios e infinidad de postes. Sin embargo, el que estaría llamado a ser el más famoso de todos ellos -y el que mejor recogía el espíritu de las palabras de Jorge VI/Colin Firth -que pidió a su pueblo, literalmente, permanecer tranquilo, firme y unido durante “estos tiempos de incertidumbre”-, nunca vería la luz, ya que la invasión alemana, como sabemos, nunca tendría lugar. La mayor parte de los carteles que rezaban el Keep Calm and Carry On en blanco sobre rojo terminaron convertidos en pulpa al finalizar la contienda, ya que este era el mensaje que, se suponía, habría de alentar el espíritu de resistencia en los ingleses -por si alguna vez lo habían perdido, vaya-si los hechizos de Angela Lansbury fallaban.

El lema, por supuesto, ha terminado siendo famosísimo en el Reino Unido. Tanto, que no sólo ha desarrollado un tremendo merchadising y un puesto de honor en las oficinas del mundo angloparlante, sino toda una serie de parodias al respecto. Mi favorita:

Para colmo del delirio, una mente maquiavélica ha desarrollado un generador on line, de manera que cada uno puede hacerse su propio axioma de resistencia al gusto, tal que…

o

Sí, son mis previsibles aportaciones -que he tenido la desvergüenza de colgar en la página, además-. Qué pena, Jorge VI, a lo que nos vemos reducidos.

Pero estoy por pedírmelas y todo.

Superioridad moral perrofláutica

(Extracto de Alba Cromm, de Vicente Luis Mora)

“Creo que fue por lo del agua. Yo comenté que estaba intentado ahorrar agua, por lo de la sequía, y que por eso iba a dejar que se me secaran las plantas en la terraza (en realidad, ya estaban secas, después de un par de días sin regarlas). Juan comentó, de modo sarcástico, que me había vuelto muy ecologista de pronto, aunque eso costase la vida de unas plantas (…) Se hizo el ofendidísimo, reprochándome que hay cientos de cosas sobre el agua y los vegetales que yo ignoraba y que quién era yo, una corrompida defensora de un sistema que tiene como propósito final destruir el planeta, para darle a él, el último mohicano de lo silvestre, lecciones de ecología.

Supongo que lo que le machacó fue mi tranquilidad, más que mi retórica, pero aún así, la recuerdo: si tú, Juan,  eres tan defensor del planeta, por qué tienes una motocicleta, con lo que contamina. Si la tienes para ir al trabajo, por qué ir a un trabajo alienante, por el que te pagan, cayendo por ello en la trampa capitalista de la fuerza de trabajo y la explotación de la demanda; por qué no te vas al campo (sin mi hermana, por favor, merece mejor vida), a vivir entre margaritas, alimentándote de cardos; por qué no dejas de poner copas en tu bar anarquista para ganarte unos duros, si esos duros están corrompidos por el sistema, al constituir una plusvalía; por qué hablaste a mi hermana de buscar un piso más cerca de tu trabajo, y no alquilado, sino comprado; por qué sostener así al más corrupto y capitalista sistema  de los establecidos, el inmobiliario; por qué generar otra plusvalía que habrá de cobrar un rico; por qué, querido Juan, no entiendes que nunca, nadie, es lo suficientemente rojo, lo suficientemente ecologista; por qué tienes que darnos continuas lecciones de moral cuando no tienes siquiera una pobre condena por daños, si no tienes cojones de ponerte delante de un cordón policial, si jamás te has amarrado a una vía de tren para impedir el paso de residuos, si jamás has naufragado en una lancha de Greenpeace, si cualquier antiglobalización de Porto Alegre te hace parecer un niño pijo, si nunca has pasado una noche en el cuartelillo por encadenarte a una central nuclear, si mucha chicha y poca limoná, si eres, en el fondo, como todos, un pequeñoburgués que adora la comodidad y pasar los domingos viendo películas; si eres, como todos, un poco rojo y un poco facha; si eres, como todos, alguien que intenta vivir asumiendo sus contradicciones. Por qué nos das lecciones, Juan, si eres, en fin, como nosotros.

Creo que después ha dicho algo. No me acuerdo”.

Síndrome de Jessica Rabbit

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‘O nos hacen reír -que dice Espido Freire-, o nos reímos de ellos’.

En cualquier caso, recordemos a la Jessi, que tantos sueños ha inspirado.

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