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Archivo mensual: enero 2012

The Kintyre (Mis) Rule

Gracias al profesor Franz -y al incidente protagonizado por She-The Evil, como hemos quedado en llamarla-, descubro esta historia que se non è vero, è ben trovata. Traduzco de la wiki:

“La Regla del Acantilado de Kintyre se supone que fue una directriz utilizada por la BBC para decir si era posible enseñar la imagen de un pene. En general, la BBC no permitiría que se exhibiera una película o un vídeo en el que se pudiera ver un falo erecto de manera que el ángulo con la vertical fuera mayor que el que formaba la península de Kintyre, Argyll and Bute en los mapas de Escocia.

Según afirma el profesor John Hoyles de la Universidad de Hull, esta pauta fue adoptada por la BBC en 1992. Hoyles declaraba que, según la directriz, ‘el pene del artista masculino nunca debe mostrarse más que ligeramente hinchado’. (…) Sin embargo, en  2000,  un portavoz de la BBC indicaba que la medida no estaba dentro del criterio de clasificación de la cadena pública. En 2002, la BBC había abandonado -si es que alguna vez existieron- las restricciones referentes a penes inflados o desinflados. Se piensa que la norma se rompió por primera vez en  2003, en una serie de Channel 4 sospechosamente titulada ‘Under the Knife with Miss Evans’.”

Cómo ser escocés

La otra noche, como alguno sabrá, se celebró en tierras escocesas la Burns´Night, onomástica que consiste en:

1. Celebrar la vida y obra de Robert Burns, insigne poeta local

Que los escoceses festejen el nacimiento de Robert Burns tiene todo el sentido del mundo. Poeta prerromántico -por tanto, muy romántico: gustaba de la exaltación del terruño, de lo fantástico, de la conciencia social-, biográficamente Burns pudo haber servido de inspiración a lord Byron. Formaba parte del club de los que viven rápido, mueren jóvenes y hacen un bonito cadáver. Era menos suicida que el inglés pero, indudablemente, igual de sifilítico. Y tal vez incluso aún más borracho. E igual de vanidoso: un día, henchido de generosidad, decidió obsequiar a una de sus muchas amantes con un poema en el día de su cumpleaños. Pero no sobre ella, estamos tontos, sino alabando las incontables virtudes que adornaban la incomparable persona del buen roving Robin.

En un país en el que he visto que un ceramista (de nombre Harry) se hacía llamar Harry Potters´, que alberga un grupo de gaiteros llamados Red Hot Chilli Pipers y que tiene la impudicia de bautizar un café en el muelle (dock) de Hay como Hay Dock´s Cafe, no me extraña que el héroe nacional a celebrar sea un pícaro con encanto.

2. Beber whisky y zampar haggis (morcilla)

Poco puedo añadir en este espacio. Excepto que he descubierto para qué sirve ese misterioso platito que veía en las tiendas para turistas. Obviamente, para pimplar en comunidad.

3. Reafirmarse en el sentimiento patriótico -aka, contar chistes contra los ingleses-. 

Tal vez sea una apreciación bastante epitelial y burra, pero a veces he pensado que un ejemplo del agravio comparativo que sienten los escoceses respecto a los ingleses lo podemos encontrar en el caso de Edimburgo frente a Londres. Londres, que es absolutamente maravillosa en muchos aspectos, parece una ciudad de nuevo rico si se compara con el apabullante casco histórico de la capital de Escocia. ‘Algo se ha torcido en la historia -piensa uno, en mitad de la Milla Real- para que el premio se lo hayan llevado los otros, ¿no?’. ‘¿Te lo explico cronológicamente o alfabéticamente?’, contestarían por aquí, parafraseando al Holmes de Guy Ritchie.  To add injury to their misery, han de ver como la Union Jack se ha convertido en un objeto iconográficamente atractivo gracias a la contribución de su cruz de San Andrés: ‘ Ella (Isabel II, a la que nunca se refieren como la ‘Reina’, o ‘Su Majestad’, y muy raramente por su nombre) no debería olvidar eso’, apuntan, realmente indignados.  Y folclóricamente, Inglaterra es Escocia -Robert the Bruce se está revolviendo ahora mismo en su tumba-: ¿quién tiene el traje regional absurdo? Ellos ¿Quién la música tradicional irritante? Obvio.

‘¡Con lo que Ella (She-TheEvil, por hablar en escocés) -aquí la indignación es inenarrable- sigue recibiendo divisas a nuestra costa!’

La Burns´ Night resulta también un momento imbatible para celebrar las diferencias lingüísticas, en una ¿variante? del inglés  -me matan si me escuchan decir esto, pero aún me matan más si se me ocurre decir ‘dialecto’- de marcadas raíces nórdicas. Por ejemplo, bright es braught; knee, pronunciado con e, es saber (know); mind es recordar -si te dicen ‘I don´t mind’ no es que les importe un carajo-; wee, la más conocida, es pequeño; kirk, iglesia, claro.

Pero, sobre todo -y como sucede en toda manifestación nacionalista- se dedican a subrayar su superioridad moral a base de chistes -ahí está la diferencia-. Por ejemplo.

Dios y San Pedro.

San Pedro le dice a Dios: ‘Señor Todopoderoso, le has dado a la Escocia minas, petróleo, gas,  paisajes de una belleza apabullante, el privilegio del contacto con la naturaleza, mujeres bellísimas, pensadores, escritores, científicos… ¿no crees que te has pasado un poco?’.

‘Qué va -resopla Dios-, aún no has visto a sus vecinos’

Esa boquita

He de admitir que suponía que me terminaría pasando algo así, aunque no podía imaginar que pasaría tanto, tan evidentemente y tan pronto. Mr. Higgins -obviamente, se omiten los nombre reales- es, como ya he dicho, nuestro profesor de pronunciación/expresión/registro. Viene a ser como el reverso canijo de Stephen Fry. Esta mañana, en clase, tocaba repasar maneras educadas y maleducadas de decir las cosas. Al final del ejercicio, ante una frase que incluía ‘Could…’ y ‘bill’, no se me ocurre nada mejor que decirle a mi compañera: ‘Mmmm,,, podemos darle algo de vidilla a esto, ¿no? Y decir por ejemplo: COULD YOU BRING ME THE FUCKING BILL, YOU MORON?’

Por supuesto, lo dije justo en el momento en el que toda la clase se había quedado en silencio.

Ante el descojono general, el pobre Mr. Higgins -nunca mejor dicho- enarca una ceja:

‘You were not supposed to say that. But great pronunciation, by the way’.

‘En esta clase no se puede decir fucking’, me chiva la ucraniana, como si no me hubiera dado cuenta.

Por si fuera poco, esa misma tarde, destrozada por las agujetas, me decido a buscar durante el descanso un rinconcillo en el que no vea nadie para hacer un par de estiramientos. Y lo encuentro. Sólo que frente a una clase llena de gente cuya puerta estaba… ¡abierta! Y, ¿quién estaba dando la clase? Pues sí.

Es cierto. Seguimos siendo lo que éramos en el instituto.

Hairbrush performances II: Lady Mondegreen and Ken Lee

Dispuestos a que el desánimo no cunda entre sus alumnos, los profesores de la escuela de idiomas se rompen los cuernos haciéndonos creer que, bueno, que no lo hacemos tan mal. Tenemos tres. De los tres, el que se debe estar gastando la gran pasta en el loquero es Mr. Higgins -el profesor de dicción-, que yo creo que la próxima vez vendrá con una bolsa de canicas a clase. O con una recortada escondida en la mochila.

-’Hay veces que es muy divertido escucharos -nos dice otra de las profesoras-, con todos esos  mondegreens’.

Mondegreen es lo que hacemos -hemos hecho- todos cuando, cepillo en mano, nos ponemos a cantar de oído, con entrega y sentimiento, cualquier canción de las tierras del guiri. Destriparla con insidia, vaya. Por ejemplo, mi imbatible ‘estó-fa-do-y-salsaaa…’ : réplica directa en mi boca de ‘The Final Countdown’.  El origen de la palabra ‘mondegreen’ está en una balada del siglo XVII llamada ‘The Bonny (por supuesto) Earl O´Moray’:

‘Ye Highlands and ye Lowlands, Oh, where hae ye been? -dice la canción-. They hae slain the Earl O’ Moray, and lay him on the green’.

La lengua popular terminó transformando la última línea del poema en una misteriosa ‘Lady Mondegreen’. Maravilloso.

‘Aunque, por supuesto -continúa Claire-, y para que os animéis, nunca llegaréis al nivel de esta pobre muchacha’.

Allá vamos. Ken Lee de Mariah Carey.

Wellington y los papanatas

UNA de las mejores anécdotas de ese Doce que nos jactamos de bicelebrar tiene a la estupidez como protagonista. Y también al -¡sorpresa!- edificio Valcárcel. Y también -no tanta sorpresa- al implacable duque de Wellington. Para agasajar al general inglés, “la flor y nata del momento” -cuenta Ramón Solís- no tuvo mejor idea que organizarle un baile, esplendoroso y cateto, en los salones del antiguo hospicio. Para ello, sólo había que hacer frente al pequeño detalle de limpiar la finca de enfermos, tarados y huérfanos roñosos. Cosa que, por supuesto, se hizo. ¿Qué son unos cuantos parias comparados con una exhibición de papanatismo? Pues está claro, entonces y ahora. También lo tenían claro Wellington -que llegó a la cita y se encerró a cenar a solas con las mujeres- y los pobres perturbados del lugar que, en mitad del zafarrancho, se decían unos a otros: “Al parecer, es que llegan unos locos muy principales y hay que dejarles sitio”.

(publicada en Diario de Cádiz)

Las aventuras de una mente espongiforme

Creo que tengo un amigo que me considera Lisa Simpson. Es simpático -y extraño- ejercer de nuevo de la vocecilla más impertinente de la clase. Mi amigo quiere hacer una historia que hable de mitos, y que tenga varias capas, y que no sea pretenciosa -”Eso lo haces muy bien, desmitificar”,  me dice, ignorando el hecho de que está hablando con Miss Vicisitud-.

-Subraya la orfandad . Si tus protagonistas vienen de escenarios muy distintos, y se conocen, y se gustan -explico-, es que ambos se sienten raros, y solos, y diferentes, en sus respectivos mundos.

Mi amigo afirma muy serio, como si le estuviera descubriendo el secreto de la pólvora.

-Y como dice la psicología sistémica -prosigo, más Lisa Simpson que nunca-, las personas en el mismo nivel de conflicto se atraen, es algo natural.

-Me pregunto… -comenta-, ¿qué será lo que tienen en común las grandes historias de amor?

-Oh, dos elementos fundamentales e inevitables -le contesto, con la boca llena de lasaña-: el fracaso y la estupidez.

-¿Ves? Tienes una gran mente -sonríe.

-Sí, je. Tan lista, tan tonta.

-No, en serio.  La perfección requiere estupidez. Ya lo dijo Steve Jobs:  stay foolish, stay hungry.

-Si es por eso…

-Por cierto…

-¿Sí?

-No te preocupes por lo de las clases, hablas bien inglés.

-¿Cómo?

-Que hablas bien inglés… -insiste, rebañando su plato- mientras estés borracha.

-¿Cómo sabes…? ¡No!

-Sí.

-¡Noooo!

-Sí.

-El otro día…

-Sí.

-Dios… ¿tan pedo iba?

-Apparently.

-¡No!

-Se te quita el miedo, cuando vas borracha. Así que ya sabes, un par de whiskazos antes de clase, y listo.  Totus tuus.

-Casi literalmente.

-Right.

Pedid, pedid, malditos

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(la inevitable azotea de hoy)

Como a pocos extrañará, de pequeña vi a los Reyes Magos. O más bien al Rey Baltasar, literalmente y en el salón de mi casa. Llevaba una capa verde y brillante y un turbante blanco. La tarea de los Reyes esa noche era doble -ponerme los regalos y quitarme el chupete, que una niña tan mayor como yo no podía seguir llevando-. Y la consecuencia de semejante aparición también fue doble: durante años, mi madre cambiaba de tema en cuanto Sus Majestades salían a relucir en las conversaciones – “¡Deja de decir que viste a Baltasar! ¿Quieres que piensen que estás loca?”- y mi fe en Lo Transcendente quedó fatalmente alterada. Aquello que te otorga algo -concluí, de manera inevitable, con mi Barbie y sin chupete, arreglá pero informal-, toma algo a cambio. Por eso, cada mañana de Reyes, mi corazón se asfixia ante el peso de Lo. T. y los papeles de regalo, pensando qué cuernos se les antojará esta vez a esos tres caprichosos cleptómanos.

Los dinámicos chicos de wordpress

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Pues el otro día -¡sorpresa!- los dinámicos chicos de wordpress me enviaron un análisis de este blog durante los meses que lleva de existencia. Estaba redactado con los mismos pies -además de con la inestimable colaboración del traductor de Google-, así que me niego a utilizar la opción de publicarlo aquí tal cual ha salido de la dehesa -mientras más de nosotros conservemos las retinas, mucho mejor-.

Cuando los dinámicos chicos de wordpress, de nuevo, se dispusieron a hacer su cálculo, aún no habían llegado las Navidades. Contando estas entrañables fiestas -y las innumerables entradas que proporciona tener a Nigella Lawson en fraticida lucha con el cadáver de un pavo-,  estas Cuerdas Desatadas llevan 6.700 visitas en -no llevo la cuenta con exactitud- su medio año de existencia. Una cifra que, habiendo sido un blog concebido para disfrutar en camarilla, me apabulla y alegra :) .  Así que, desde aquí, es un placer dar las gracias a todos los que estáis al otro lado, buscando mis palabras y, a veces, despabilándolas -especialmente a Microalgo, distinguido (por supuesto) como comentador oficial-.

El post dedicado a la historia del Keep Calm and Carry On ha sido, con diferencia, la principal y más rutilante atracción de mi feria. Seguida, como era de esperar, por defenestraciones emocionales varias (Terapia Alternativa I y II). Y no dejan de tener su enjundia los términos más buscados, coronados -nuevamente, a diferencia sideral- por ‘Ken y Barbie’, seguidos de ‘Nigella Lawson‘, ‘Nigella Lawson tetas’ (normal) y búsquedas relativas a las brillantes ocurrencias del Ministerio de Propaganda Británico en la II WW. Ya saben.

(Hay algunos términos de búsqueda que me fascinan. Por ejemplo, la historia de la bruja irlandesa Alice Kyteler, recuperada de Arpía´s Corner, es una de las más demandadas.  Otros, que me producen ternura -recurrente es también ‘Disfraz Reina Blanca de Tim Barton-, y siempre los hay que me descacharran: “Puta que pone los ojos en blanco” -¿¿??-.)

En fin. Que a todos los que tienen algo que ver con que este invento exista y prospere, muchas gracias. De verdad.

No puedo evitarlo…

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